
Uno salta en el tiempo, compara, y se da cuenta que el balompié cambia. Pero no tanto como supone el discurso posmoderno. Hay recursos (casi instintivos se podría decir) que no mueren con los años, porque la pasión que se siente es la misma. Si es ético o no salvar un gol con la mano sin ser el meta es una discusión para otro momento. Muchos opinarán que el reglamento manda, y lo demás no importa. Otros dirán que hay ciertas acciones que rompen con la moral deportiva. Bueno, piense de una u otra forma, debería saber que la "salvada" de Luis Suárez no fue la única en la historia de los mundiales.
Fue en el Mundial de Argentina 1978 que otro goleador no encontró otra forma de salvar el gol más que tirarse como un portero. Mario Alberto Kempes, campeón con el equipo de Menotti ese año, se lanzó cual meta profesional y salvó a su equipo de una arremetida polaca. Si bien el partido en cuestión era de segunda fase (algo así como un paso antes de octavos de final en la estructura de hoy), el gol le daba la igualdad a Polonia (1-1) cambiando un partido que bien podría no haber terminado en victoria argentina por 2 tantos contra 0. Pero el "podría haber sido de otra manera" no existe en el fútbol, pues lo hecho, hecho está.
A diferencia de Suárez ante Ghana, Kempes no fue expulsado, porque los que "ponían la mano" no veían en esa época la cartulina roja. Sin duda que todo un regalo para la selección que saldría campeona del Mundial, que recibió el apoyo de su goleador no solo en el área rival, sino también como portero. Suárez, ídolo en Uruguay y odiado en África, copió la estrategia del albiceleste aunque en un momento de mayor trascendencia. Si era gol, los charrúas se despedían.
La hermosa infracción que cometió Suárez para el pueblo uruguayo fue sancionada con roja y con la evidente pena máxima: el penalti. Uno podía percibir la desilusión del goleador, quien intentó salvar a su selección, aunque sabiendo que el cronómetro no iba a seguir corriendo una vez ejecutado el tiro desde los 12 pasos. Lo que cualquier mortal predecía como gol, terminó en festejo uruguayo con el broche de oro del Loco Abreu. Igualmente, nadie le sacó protagonismo al goleador de la Eredivisie. Esa mano, como la de Kempes, quedó marcada con tinta indeleble en el historial de los mundiales.
Envia este post a Menéame