
Este domingo se jugará la final del Mundial de Sudáfrica 2010. Millones y millones de aficionados ya se preparan para vivir una fiesta única y que sólo somos capaces de ser testigos cada cuatro años. Holanda - España, es el menú que ofrece la final de la decimonovena edición de la Copa del Mundo. Un partido que además, tiene la particularidad de ofrecerle a los espectadores un nivel de fútbol pocas veces visto en la etapa decisiva de una justa del balompié. Por ejemplo, si nos transportamos cuatro años hacia atrás Italia y Francia definÃan la cita de Alemania 2006 con poco repertorio futbolÃstico para ofrecer.
Del cantenaccio italiano y la dependencia francesa de Zinedine Zidane al fútbol bonito, exquisito y vistoso que presentan España y Holanda. De la austeridad a la belleza. Del conformismo a la supremacÃa. Pasaron cuatro años y las cosas cambiaron. En Sudafrica 2010 el fútbol parece haber ganado y en los papeles le regala a todos los aficionados del balompié el partido que más arte y belleza puede presentar. Holandeses y españoles juegan a otro ritmo. Y ello lo deberán poner a prueba en el Soccer City el próximo domingo.
Este duelo llena los corazones de ansiedad y expectativa de por fin poder ser testigos de un campeón que aspira a alcanzar el famoso y temido "fútbol total". Algo que intentó la misma Holanda en 1974 y 1978, pero que no pudo ante la rigidez impuesta por los alemanes. Por ello, a veces la belleza no alcanza para alcanzar la gloria y el premio se lo termina llevando aquel que apuesta a destruir en vez de crear y a defenderse en vez de ofender. Seguro que este año uno de los dos será rey con corona.
Pero la austeridad también vale. Es cierto que no gusta. Pero su camino es licito para conseguir los objetivos trazados. Los italianos respetaron su historia y su modo de jugar hasta las últimas consecuencias y con eso le bastó para volver a la cúspide del fútbol mundial. Se defendieron todo el campeonato, generalmente sin la pelota. Y cada vez que anotaban un gol le pasaban un cerrojo a su defensa que hacÃa imposibilitaba a su rival desplegar un buen espectáculo.
De todos modos, la final, como cualquiera, fue apasionante y vibrante. No regaló dinámica y buen pie pero brindó un excelente contenido dramático que incluyó el peligroso gol de penal de Zinedine Zidane, la agresión y la posterior expulsión de ese mismo personaje por un tonto y enfurecido cabezazo en el pecho a Marco Matterazzi, que despertó y abrió un debate tan polémico y grande como el mismo Mundial. Y claro, la eléctrica definición por penales que terminó consagrando a Italia. Para aquellos que no recordáis cómo fue la definición del año 2006, aquà le ofrecemos un vÃdeo con lo mejor del partido.
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